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martes, 28 de mayo de 2013

Alexei Bolotov

Alexei Bolotov tenía una poderosa razón para bajar del Annapurna lo más rápido que pudiera: se estaba muriendo. A partir de siete mil metros de altura el cuerpo va muriendo poco a poco,  y Alexei ya lo estaba notando. Reconocía los síntomas del edema pulmonar que empezaba a padecer. Así que para abajo. Arriba dejaba a Horia Colibasanu, el único todavía sano de la expedición, cuidando de Iñaki Ochoa de Olza, que había quedado paralizado por un edema cerebral.

No podía hacer nada. No podía ayudar en nada. Además será una pájara. Se recuperará y bajará. Pero él no podía esperar. Así que bajó. Su encuentro con Ueli Steck sólo aceleró su necesidad de salir de allí: el suizo no tenía botas adecuadas para esas temperaturas, así que Alexei le dio las suyas. Por una de esas casualidades ambos calzaban el mismo número. Ueli siguió subiendo, intentaría ayudarlos. Alexei siguió bajando con una preocupación más: la muy posible congelación de sus pies.

Aún así lo estaba consiguiendo. Lo iba a conseguir. Iba a salir de allí. Volvería a ver a su mujer, a sus padres. Los volvería a abrazar. Pero tiene otro encuentro inesperado. Denis Urubko y Don Bowie le cuentan que Iñaki está mal, muy mal. Mucho peor de lo que él pensaba cuando empezó a bajar. Le llevan oxígeno, medicinas. Alexei no se lo piensa. Se da la vuelta y sube con ellos.

Nadie esperaba que lo hiciera. Nadie le pidió que lo hiciera. Estaba mal, muy mal, y su primera y única obligación era salvar su vida. Pero saber que Iñaki, su amigo Iñaki, se estaba muriendo colocó todo eso en un segundo plano. Él mismo lo explicó:

“Los humanos se tienen que ayudar en cualquier caso. Subir a la cima no es ningún deber, no se lo debo a nadie, pero ayudar es una obligación y no depende de mi estado de salud. Lo tengo que hacer esté como esté”.



Aquella vez, en mayo de 2008, fue la primera que escuché el nombre de Alexei Bolotov. Nunca he escalado una montaña, no sé nada sobre el tema más que lo que he visto en el al filo y leído en desnivel. Pero el rescate me impresionó y emocionó tanto que desde entonces no he dejado de seguir las andanzas de Ueli Steck, Denis Urubko, Don Bowie, Horia Colibasanu, Robert Szymczak y de todos los participantes en el rescate. 

El 15 de mayo de 2013 su cuerda se rompió mientras trataba de abrir una ruta nueva en el Everest. Allí descansará para siempre. Cerca del cielo, donde pertenece.

Valar Morghulis.




martes, 22 de enero de 2013

El Partizan de Fuenlabrada (II)

Sucedió que, al sur de Madrid, en pleno boom urbanístico, a alguien se le ocurrió la idea de construir un polideportivo. Muy bien. Pero no uno de esos de pueblo, no, uno de los grandes, para cinco mil espectadores, full equip. Y además, dedicado a un mito: nada menos que Fernando Martín. Ahí es nada. Las autoridades, los poderes fácticos del lugar, acurrieron raudos a la inauguración, para salir bien en la foto y llevarse los méritos.

Esas mismas autoridades desaparecieron cuando se dieron cuenta de la duda realidad: ese pabellón tan majestuoso que acababan de inaugurar no tenía equipo que lo jugara. El equipo local, el Club Baloncesto Fuenlabrada, era un equipo amateur que militaba en la segunda división de entonces. Demasiado collar para tan poco perro. Que fracaso.

Pero entonces la FIBA, que no sabía que hacer con los clubes de un país en guerra, toma la decisión de prohibirles jugar en su casa. Podrían jugar, sí, pero en cancha ajena. Alguien del ayuntamiento de Fuenlabrada estaba viendo la tele en ese momento, y raudo se le encendió la lucecita: les ofrecerían su flamante y vacío pabellón. Ni decir tiene que Partizan aceptó, no encantado ya que su legitimo pabellón -el mítico Pionir- se quedaba sin baloncesto, pero era eso o nada.

Y así partieron a su exilio doce jugadores y un entrenador. Los problemas económicos del club eran tales que Zelko Obradovic, el entrenador, renunció a su sueldo y repartía su mensualidad entre los jugadores, que no cobraban el suyo muy puntualmente que digamos. A los problemas económicos hay que sumar los personales. No era para menos. Zoran Stevanovic tenía a su hermano en el frente. No supo nada de él durante meses. No sabía si estaba vivo o muerto. Pedrag Danilovic, serbio de nacionalidad pero bosnio de nacimiento, tenía a su madre en Sarajevo. Mientras él jugaba para un equipo serbio, el ejército serbio trataba de matar a su madre. Ivo Nakic era el otro de origen no serbio del equipo, concretamente croata y también croata de nacionalidad. Fue acusado de traición en su tierra, y las amenazas fueron tales que su familia tuvo que dejar su Rijeka natal para convertirse en refugiados. Cada jugador tenía su propio drama, sus propios seres queridos por los que temía en un país en guerra.

Pero el calendario pasa y las competiciones llegan. Así empieza la odisea del Partizan, que los fines de semana estaba en Serbia jugando la liga local y entre semana en cualquier lugar de Europa jugando la Euroliga. Afortunadamente, cada quince días tocaba un lugar fijo: Fuenlabrada.

La gente de Fuenlabrada acudió al Fernando Martín con mucha curiosidad. No sabían lo que iban a ver exactamente. Un equipo muy joven, con un entrenador de treinta y pocos sin experiencia ninguna contra Joventut, Estudiantes, Aris, Phillips de Milán...Realmente nadie daba un duro por ellos.


domingo, 13 de enero de 2013

El Partizan de Fuenlabrada (I)

A veces ocurren pequeños milagros. Insignificantes, incluso. Hasta dolorosos según desde donde se miren. Sí, fui parte perjudicada de este en particular. Pero milagros al fin y al cabo. Hace algo más de veinte años ocurrió uno, con una guerra brutal (¿cual no lo es?) de fondo en pleno corazón de Europa, ante la indiferencia de medio mundo.

El baloncesto era tan importante en la antigua Yugoslavia que ni la guerra pudo parar las competiciones. En plena guerra se disputó las primeras ligas nacionales croatas, eslovenas, serbias...y tres de sus clubes iban a disputar la primera edición de la Euroliga: dos croatas, Cibona y KK Split, y uno serbio, el Partizan de Belgrado.

El nombre oficial del KK Split era Slobdna Dalmacija, y era el vigente campeón de Europa. Antes de la guerra el equipo amarillo se había convertido en un azote divino para todos los equipos españoles -Barça...-, italianos, griegos...con más potencial ecónomico y que se gastaron verdaderas fortunas para destronar a los niños de Split. Sí, niños. Con una media de edad insultantemente baja y unos jugadores tirillas, especialmente Toni Kukoc, derrotaban una y otra vez a los en teoría mejores equipos de Europa. Practicaban un juego lento, contando los segundos, hasta que de repente explotaba una velocidad de ejecución en el cinco contra cinco que siempre definía la canasta justo al borde de la bocina de la posesión. Simplemente mataban los partidos como una máquina perfecta. Sretenovic era el base cerebral, que se la daba a Kukoc en el momento justo. Este, con un bote perfecto y un primer paso que parecía que su cuerpo se fuera a partir en dos iniciaba el principio del fin, culminando él mismo, aprovechando el espacio para Radja, sacando el balón fuera para Ivanovic o Perasovic...Eran imparables. No había en Europa un sólo equipo que pudiera defender o contrarrestar ese talento.

Bueno, sí había uno. El Partizan de Belgrado. Aunque su juego era muy diferente, contraataque y velocidad basado en el triángulo Djordjevic-Paspalj-Divac. Se convirtieron en el equipo más espectacular de Europa, una suerte de Lakers-showtime a la yugoslava. Pero como el resto de Europa, siempre acababan perdiendo contra los de Split, pese a ser siempre los favoritos. Los detalles extradeportivos -Vlade Divac se lesiona al saltar por la ventana del hotel...para irse de juerga- influyeron, pero la razón principal es que la Jugoplastika de Split jugaba a no dejar jugar. El propio Djordjevic lo explica muy bien: "Y nosotros hacíamos un juego espectacular, pim pam, y el público exclamaba Oooooh...Pero eso no ganaba a la Jugoplastika, porque contra ellos no podías correr. Ellos fueron los primeros que entendieron la importancia de la rapidez de ejecución de los movimientos en estático. Te hacían una jugada con cinco pases rapidísimos. Era una increíble diferencia".




Finalmente las liras acabaron con la Jugoplastika. Radja jugó en Roma antes de partir a la NBA. Kukoc fichó por la Benetton y terminó en los Bulls junto a Michael Jordan ganando tres anillos. Ivanovic y Perasovic jugarían en España, como también lo haría a temporadas Zoran Savic. Hasta el suplente de los suplentes, Petar Naumoski, jugaría en Turquía y se convertiría en uno de los mejores bases de Europa.

¿Y el Partizan? Divac se convertiría en una estrella en los Lakers al lado de Magic. Paspalj jugaría en Grecia muchos años batiendo récords de anotación. Pecarski probaría el mismo destino. Del equipo mágico sólo quedarían Djordjevic, el croata Ivo Nakic y Pedrag Danilovic. Pese a su juventud, un juego exterior temible. Por dentro, dos pívots con aspecto de leñador, muy trabajadores y voluntariosos, Slavisa Koprivica y Zoran Stevanovic. En el banco, una ristra de jugadores que no pasaban de los veinte años, donde destacaban Nikola Loncar y Zelko Rebraca. La media de edad del equipo, unos 22 años.

Y encima, sin entrenador. El director técnico del club, Dragan Kikanovic, no encontraba quién quisiera sentarse en el banquillo del primer equipo. En una Yugoslavia al borde de la guerra lo natural era irse. Llama al capitán, Zelko Obradovic, y le informa de la situación. Kikanovic no se puede creer lo que oye: Obradovic se ofrece a entrenar al primer equipo. Con muchas dudas, la directiva termina aceptando, ya que también significaba la retirada del jugador. La prensa se pone en su contra ¿como pueden darle a un ex jugador, por muy bueno que sea -y Obradovic lo era un rato largo- el banquillo del equipo más importante de Serbia?

Obradovic era un fijo en la selección yugoslava y renuncia a su convocatoria para disputar el europeo de Roma'91 con el fin de prepararse bien para entrenar al Partizan. Sasha Djordjevic ocupa su lugar en la Reprezentacija. Llegan fácilmente a la final con una exhibición insultante. Justo antes de la final, el escolta titular Jure Zdovc recibe una llamada donde se le recuerda su condición de esloveno, y de paso se le advierte que si juega la final con Yugoslavia se le consideraría un traidor y que su familia, que se encontraba en Eslovenia, sufriría las consecuencias. Llorando, Jure Zdovc abandona la concentración yugoslava. Djordjevic le abraza. Empieza el partido. Yugoslavia se burla de Italia. El último partido de Yugoslavia.


Empieza una guerra y termina un país.

lunes, 7 de enero de 2013

31 de diciembre de 1942


Durante la Nochevieja, la disciplina en el revitalizado 62º ejército se relajó y, a lo largo de la orilla, los oficiales soviéticos de elevada graduación organizaron una serie de reuniones en honor de los actores, músicos y bailarinas que visitaban Stalingrado para entretener a las tropas. Uno de estos artistas, el violinista Mijail Goldstein, se alejó y se dirigió a las trincheras para llevar a cabo uno de sus conciertos de solista para los soldados.

En toda la guerra, Goldstein nunca había visto un campo de batalla parecido a Stalingrado: una ciudad tan terriblemente destruida por las bombas y la artillería, con montones de esqueletos de centenares de caballos, descarnados por el hambriento enemigo. Y como siempre, también aquí se encontraban los siniestros policías de la NKVD, que permanecían entre la línea del frente y el Volga, comprobando la documentación de los soldados y disparando contra los sospechosos de deserción.

El horrible campo de batalla conmovió a Goldstein y tocó como nunca lo había hecho antes, horas y horas. Y, aunque las obras alemanas habían sido prohibidas por el gobierno, Goldstein dudaba que ningún comisario político protestase durante aquella noche. Sus melodías fueron dirigidas mediante altavoces hacia las trincheras alemanas y, de repente, cesó el tiroteo. En el espectral silencio lo único que se escuchaba era la música que surgía del inclinado arco de violín de Goldstein.

Cuando acabó, el silenció continuó. Desde otro altavoz, situado en territorio alemán, una voz rompió el hechizo. En un vacilante ruso rogó:

-Toquen algo más de Bach. No dispararemos.

Goldstein volvió a tomar su violín y empezó a tocar una viva Gavotte de Bach.


"La batalla de Stalingrado" - William Craig

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La edad de oro (V)

José Luis encontró el ordenador que quería de pura casualidad, cuando ya había tirado la toalla, mientras esperaba un avión en Londres. Ojeando una revista vio un breve que le llamó la atención: Amstrad estaba preparando su propio ordenador. Para un español de a pie eso no significaba nada. Pero para uno que pasaba media vida en Londres, significaba mucho.

A finales de los setenta Amstrad se hizo famosa, y millonaria, descubriendo un filón que veinte años más tarde hizo a China lo que es: la electrónica cutre de muy bajo coste. Fabricaban TVs, radiocassettes, amplificadores, pletinas de cassette, sintonizadores, todo con componentes de calidad nula, a base de  plástico malo que no se molestaban en disimular y fabricados la mano de obra más barata y peor cualificada posible. El producto resultante fue calificado como shit-fi, pero era baratísimo. Ningún competidor podía ofrecer productos a ese precio, lo que tuvo como consecuencia que se vendieran como churros. 

El perpetrador de estas aberraciones electrónicas se llamaba Alan Michael Sugar, una versión inglesa de Steve Jobs. Aunque, a diferencia del americano, era sincero y siempre presumió de no engañar a nadie. En una presentación definió su nueva gama de productos como "la mayor montaña de basura que había visto en mi vida" y añadió "¿Que esperan por ese precio?".

Naturalmente, no podía ser ajeno al boom de los ordenadores, un mercado en crecimiento que parecía no tener límites. Sin embargo, el low cost estaba ya muy bien cubierto. Nadie podía batir en ese campo a los Spectrum con sus teclas de goma que se borraban con el uso. Para destacar tenía que ofrecer algo que no ofreciera nadie, y como fabricante de equipos de alta fidelidad (bueno...) todo en uno (ampli, pletina, sintonizador, giradiscos, cajas...) decidió aplicar el mismo concepto a su ordenador: Vendría con monitor y cassette integrados y todo con una misma fuente de alimentación. Un sólo cable, vamos. En los Spectrum y Commodore todo iba por separado y se necesitaban tres tomas de alimentación y un cable de datos para poder jugar a La Pulga.

A José Luis le gustó el concepto, así que llamó a Londres para tratar de hacerse con los derechos para el mercado español. No le hicieron ni pastelero caso. En los setenta Alan Sugar había sido timado por un distribuidor y no quería saber nada de España. Estaba complicado, sí. Pero tenía un as en la manga. Bueno, dos. Un juego que había sido número uno en Inglaterra y otro, Fred*, que no llegó a tanto pero que había sido un éxito de ventas. Así que se ofreció a portarlos al nuevo ordenador. Amstrad necesitaba juegos para el lanzamiento, así que dijeron que sí, que vale, que le enviarían una máquina de desarrollo y luego hablarían.

Ese Amstrad CPC 464 de preproducción estuvo encendido durante dos meses, en los que Indescomp trabajó a dos turnos: durante el día se hacía la conversión de Fred, durante la noche la de La Pulga. Finalmente, tras un no parar, los juegos se terminaron a sólo quince días del lanzamiento oficial del Amstrad. Con las dos cintas en la maleta -bueno, en realidad se llevó media docena por cada juego, por si acaso- José Luis se embarcó a Londres con la intención de enseñar a Alan Sugar lo que su empresa era capaz de hacer.

Pero Sugar no recibía a nadie. Quién le recibió fue Bob Watkins, el responsable de software de Amstrad. Ahí se la jugó: no había venido para ver a un empleado, había venido para ver al jefe, y sólo le enseñaría los juegos a Sugar o de lo contrario se volvería a Madrid. Pero el señor Sugar está muy ocupado. Y yo también, y aquí estoy.

El tal Watkins estaba acojonado. Eran dos juegos demasiado jugosos para perderlos, y probablemente su jefe le cortaría lo que tenía ahora por corbata sí así sucedía. Pero el español no daba su brazo a torcer. No quedaba más remedio que ir a ver al Gran Hombre.

El Gran Hombre estaba en su casa, y allí se presentaron. No era la mansión de lujo que esperaba José Luis. Un edificio estropeado de un barrio obrero. De la puerta salió un energúmeno gritando en mangas de camisa, despeinado y mal afeitado. Watkins inclinó la cabeza e hizo las presentaciones. José Luis no se podía creer que ese tipejo maleducado que no le dio la mano era Sugar. Pero no hubo tiempo para más. Entre fucks y shits entraron a la casa para una demostración.

Hizo bien en traerse tanta cinta, porque la ley de Murphy se cumplió y no había forma de cargar los juegos. Sugar guardaba silencio. Cuando finalmente cargaron Sugar seguía en silencio. Y tras hacer dar a la pulga unos cuantos saltos, Sugar dijo yes. Y le dijo que se fuera, que podía acordar los royalties de los juegos con Watkins, el de la cara blanca.

No quiero royalties, dijo José Luis. Le regalo los juegos. Lo único que quiero es su palabra de honor de que me tendrá en cuenta si decide introducirse en el mercado español. Hemos trabajado dos meses sin parar con su ordenador y sabemos que es un producto excelente, que triunfará sin problemas en cualquier mercado.

Por primera vez fue Sugar el que se quedó fuera de juego. No era alguien que se tomara grandes periodos de tiempo para meditar las cosas, así que simplemente dijo:

-Vamos a la oficina.

Y fueron a la oficina. La oficina era un edificio de cinco plantas, también sucio y desarreglado. Fueron a la última planta, a su despacho. Pero no había despacho. Tampoco paredes. En el centro de todo había una tarima muy alta y encima de ella una mesa de madera con dos sillas sucias. En una se sentó Sugar y en la otra José Luis. Todos trabajaban a su vista. Desde aquella tarima veía al director de marketing, al director técnico, a todos los ejecutivos de la empresa. Desde esa tarima controlaba a todos sus trabajadores. Desde esa tarima Sugar era como un dios vigilante y justiciero. Un dios irascible que gritaba mucho.

Ahora el que quedó fuera de juego era José Luis. Sugar le preguntó:

-¿Cuantos ordenadores quiere para el año que viene?

Bueno, a eso había venido, aunque no lo esperó de esa forma ni mucho menos tan pronto. Y era un problema. Si pedía una cantidad pequeña Sugar le echaría a patadas de allí, y si pedía una grande quizás no podría pagarla.

-500 ordenadores

Fue la primera vez que vio a Sugar reírse.

-Te doy la exclusiva durante tres meses, pero me tienes que hacer un pedido en firme de 500 unidades ya. Y también tienes que pagarme ya.

500 ordenadores por 40.000 pesetas de la época no era tan mal negocio, pero excedía de lo que llevaba José Luis en ese momento en la cartera. Pidió un teléfono para hablar con su viejo socio, El Corte Ingles, y le dijeron que sí, que contara con el pedido en firme. Con ese pedido pudo abrir una línea de crédito con la que pagar a Sugar. Y tras el pago, los primeros Amstrad CPC 464 se pusieron a la venta acompañados de dos juegos: Roland** in the Caves -la pulga- y Roland on the Ropes -Fred-. Y se venderían hasta pasar el millón de unidades.

* Fred fue el segundo juego de Indescomp, programado por un equipo que luego se establecería por su cuenta bajo el sello Made in Spain. Un explorador a lo Indiana Jones que tenía que escapar de una pirámide. La gracia particular del juego estaba en que los laberintos, concretamente seis, se generaban aleatoriamente, y también era aleatoria la posición de las trampas y de los enemigos.

¡Vamos Roland!

 
 ** Roland intentó ser la mascota de Amstrad, algo así como Mario para Nintendo o Sonic para Sega. El concepto fracasó porque Roland en un juego era una pulga, en otro un explorador, en otro un viajero temporal, en otro un astronauta.

martes, 20 de noviembre de 2012

Que el mundo sea libre

"El bien apodado 'Free' es un jugador-callejero-pistolero, artista y showman, que lanza tiros estratosféricos que parecen retratos cuando entran o ladrillos cuando no encuentran su destino. Más que ningún otro jugador de la NBA, 'World Be Free' representa la nueva motivación urbana de los años setenta, un espíritu que no reconoce ninguna autoridad más que la de su propio apetito y al que sólo le preocupa su gratificación personal."



La edad de oro (IV)

Una vocación es una vocación, y José Luis tenía una: vender. Pero no cursos ni videojuegos, sino objetos físicos. Así que aprovechando que el negocio iba viento en popa y que los ordenadores estaban de moda decidió retomar -y de paso, plantear la revancha- su proyecto de vender ordenadores. El problema es que todos los grandes tenían su distribuidor y todos se vendían como rosquillas: Sinclair, Apple, Commodore. Así que tenía que buscarse algo nuevo.

No era un problema excesivo ya que habían más fabricantes que botellines, y todos esperaban tener suerte e imponer su plataforma, sobre todo en Estados Unidos y Asia. Allí fue donde se fijó José Luis, ya que pensó que no sería mala idea traer algo exótico. Y en ese afán se puso a recorrer el mundo. En un feria en Hong Kong encontró lo que buscaba: Nada menos que el Spectravision Spectravideo. Este rimbombante nombre escondía en sus entrañas una vieja consola llamada ColecoVision, vieja pero con un amplio catálogo de juegos, incluyendo uno donde un gorila lanzaba barriles a una especie de fontanero para impedir que rescatara a su amada.


A José Luis el juego en cuestión le pareció una memez, pero no importaba. Lo que importaba era eso del amplio catálogo de juegos. Eso era lo que buscaba ya que, como aprendió por las malas, era lo que hacía que un ordenador se vendiera. Así que volvió de Asia con el Spectravideo de marras, que vendió en exclusiva en El Corte Inglés.

Sin embargo, Spectravision era un fabricante muy pequeño que no conseguía vender en su mercado, el americano, porque puestos a jugar los compradores preferían la consola original. Esto provocó que el volumen de producción fuera pequeño, lo que aumentó el precio de la máquina y aún más en el mercado español. Luego estaba el tema de los juegos: había que traerlos desde USA y Japón, lo que con aranceles y demás problemas burocráticos los hacía más caros que los que traía de Gran Bretaña y no era competitivos.

Pese a todo, las pocas unidades que trajo se acabaron vendiendo. En los primeros ochenta los ordenadores estaban de moda y todos, absolutamente todos, se vendía. Sí, con el tiempo la burbuja estallaría, y José Luis ya tenía esa intuición. Así que no pidió más unidades a Spectravision para España: no quería un ordenador que se vendiera sólo porque comprar ordenadores estaba de moda. No era una base sólida y sólo podía traer la ruina.

martes, 13 de noviembre de 2012

La edad de oro (III)

Para José Luis era como tener delante a dos marcianos. Los dos, altos, enjutos, barbudos, con gafas de culo de vaso, se llamaban Paco: uno Suárez y el otro Portalo. Hablaban un idioma incomprensible para él, y necesitaba de un ingeniero que le hiciera de intérprete. La pareja marciana se había conocido estudiando física en la Universidad de Extremadura, aunque ambos habían dejado la carrera por diferentes motivos. El tal Suárez para hacerse ilustrador. El tal Portalo porque fue cateado y se desanimó. Curiosamente, fue ese disgusto lo que les había llevado hasta ahí.

Ambos aprendieron a programar literalmente sobre el papel. Ambos aprendieron basic sin ordenador, escribiendo con lápiz y papel sus programas e "interpretarlos" en su cabeza, a lo Turing. Hasta la llegada del ZX81, ambos vivieron la frustración de no poder acceder a una máquina con la que trabajar, que compraron entre los dos y el hermano pequeño de Suárez. Sobre ese ZX81 Portalo escribió su proyecto final de carrera: una simulación de las leyes físicas que rigen el movimiento planetario. El proyecto fue rechazado por tratarse de un programa informático. La vida.

Fue Suárez, "jugando" con el programita de Portalo, el que vio un juego ahí. Las parábolas, por la razón que sea, le hacían gracia. Y se le ocurrió un juego donde el protagonista iría describiendo parábolas para esquivar obstáculos. Portalo, sin nada mejor que hacer, se puso a programarlo. Suárez se encargó de la parte gráfica. El resultado fue La Pulga. Sólo tenía dos controles: con la tecla 0 la pulga saltaba hacía la derecha, con el 1 hacía la izquierda. Según el tiempo que se mantuviera la tecla presionada saltaba más o menos, todo obedeciendo las leyes de Newton. Habían programado lo que hoy se llama, quizás con demasiada fanfarria, un motor físico.

El virtuosismo artístico de Paco Suárez (que en el futuro haría las portadas de los discos de Camarón) quedó deslucido por las limitaciones del ZX81: 1 Kb de RAM, ausencia de color y de modo gráfico. Como se puede observar 'la pulga' en cuestión es un asterísco.

Los ingenieros le dijeron a José Luis que nunca habían visto un juego como ese. Ya en ese época todos se copiaban entre todos igual que ahora, y los juegos tipo galaxian (los marcianitos) o pong (el tenis con pelota cuadrada) con mínimas variaciones eran tan comunes como los shooters de hoy. Pero lo que finalmente convenció a José Luis fue que le dijeron que ese juego no tenían nada que envidiarle a ningún juego programado por ingleses, e incluso le insinuaron que con él podían probar a entrar en aquel mercado. Pero no sería con el ZX81. El nuevo invento de Sinclair se llamaba ZX Spectrum, tenía 16 (16!) kb de memoria RAM y una paleta de ocho colores (¡color!). Era la plataforma de un futuro que era el día siguiente. José Luis les preguntó si serían capaces no sólo de programar el juego para la nueva máquina, sino de aprovechar sus nuevas características. La respuesta sí la entendió. Fue un sí.


Versión Spectrum 16kb, más bonita de ver. Hay que decir que el nivel de dificultad, comparado con los estándares de hoy, era demencial. Pero en aquella época, al contrario que hoy, el término jugabilidad era sinónimo de dificultad.

Cuando se puso a la venta en noviembre de 1983 el primer videojuego comercial desarrollado en España acababa de dar su primer paso, o mejor dicho, salto.

En ese frío -supongo- noviembre de 1983 La Pulga se puso a la venta en Gran Bretaña, con el nombre de Bugaboo -significa algo así como bicho raro- y bajo el sello de Quicksilva en plan te devuelvo el favor, ya que fue la primera compañía inglesa que trajo Indescomp a España. A los de Quicksilva les gustaba el juego, aunque ya habían advertido que la competencia era muy dura, que no esperaran grandes ventas y que la crítica, es decir las revistas, podía ser hostil a un juego de procedencia foránea.

De hecho, las primeras críticas fueron frías. En la revista Home Computing Weekly se podía leer:

"Quizás ayudar a escapar a una pulga de un hoyo no sea tu idea de diversión, pero esto es lo que se te pide en este juego"

Sin embargo, la cosa fue mejorando a partir de diciembre. En vísperas de navidad ZX Computer dice que es "el juego más adictivo del año" y le casca 4 estrellas sobre 5. En enero Your Computer lo situa en el top 20 de juegos de 1983. Crash es la más entusiasta, le da un 92% de valoración y lo situa en el número dos de su lista -el uno en todas las listas, por si te lo preguntas, fue el Ant Attack-. Las ventas se disparan y en febrero de 1984 es el juego más vendido en Inglaterra y Quicksilva pide más juegos nativos a Indescomp. Lo tenían y se lo mandaron inmediatamente: Fred, y fue otro éxito...pero que contaremos más adelante.

Según RetroGamer la acogida tardía del juego se debió a "su inusual naturaleza y la esotérica mezcla de simplicidad y dificultad extrema que obliga a jugarlo durante un tiempo para apreciar sus matices". Toma ya. 

Ant Attack, juego en 3d -3d de época- tatarabuelo del Fallout.

¿Y en España? Curiosamente en aquellos tiempos pasó desapercibido. Aunque no por mucho tiempo.


La edad de oro (II)

La principal razón por la que José Luis tenía tanta fe en su proyecto fue por una escena que vio en un mercadillo londinense. Un chaval sentado delante de un ZX80, un televisor en blanco y negro mirando al público. Un padre detrás con un caja con cien cintas de audio de toda la vida. El chaval se pone a jugar delante de todo el mundo a un juego que él mismo ha programado. José Luis no entiende un pito, algo de un muñequito saltando de plataforma en plataforma. En apenas tres horas vendieron las cien copias.

Los primeros ZX81 que llegaron a España lo hicieron vía Investrónica, como hemos dicho antes, y se vendieron a través de El Corte Inglés. Con ellos llegaron unas pocas unidades del modelo anterior. Fue realmente una revolución, ya que fue el primer ordenador que podía comprar una familia de clase media sin arruinarse. Pero sus compradores se enfrentaban al problema de la ausencia, que no escasez, de software que correr en esas máquinas. Esto limitó mucho sus ventas, porque el único público que tenía era el del chaval pesado que quería una máquina para aprender a programar (juegos). Desde luego no había juegos que comprar, y las publicaciones eran (todavía) muy escasas. El resultado fue que las ventas no llegaron al nivel que El Corte Inglés esperaba.

José Luis conocía bien el problema, era -a otra escala, desde luego- lo mismo que le pasó con el Acorn Atom. Así que volvió a Londres y llegó a acuerdos con Artic, Bug Byte y Quicksilva para traer sus juegos a España. Al regreso  se presentó en las oficinas de El Corte Inglés con un amplio catálogo de juegos que le compraron no sin recelo y tras dudar mucho. Pero el recelo y las dudas se terminaron cuando las ventas del ZX81 se dispararon. Y con ellas, los juegos desaparecían de las estanterías.

Exitazo, pero podía ser aún mejor. Traído directamente de Inglaterra naturalmente la documentación y el propio juego estaban en la lengua de Shakespeare, lo que podía ser un obstáculo para el futuro. Así que El Corte Inglés le preguntó a José Luis si era posible traducirlos. La ocasión la pintan calva, y bajo el paraguas de los pedidos sin fin que le hacía esos tan repetidos grandes almacenes fundó su propia empresa: Investigación y Desarrollo de Computadoras. Muy largo. Indescomp suena más chic y moderno.

Y llegaron pedidos y pedidos. Y después más pedidos. Los dos programadores que contrató inicialmente quedaron desbordados. Hacían falta más para navegar entre los ceros y unos de los juegos para traducir los textos. Así que público un anuncio en la prensa para reclutar sangre nueva y que la gallina de los huevos de oro no dejara de poner.

Como respuesta a este anuncio les llegó una cinta remitida desde Badajoz. Tras el load "" y la espera, los ingenieros se quedaron alucinados con el juego que acababan de recibir. José Luis no entendió nada cuando se lo enseñaron.


domingo, 11 de noviembre de 2012

La edad de oro (I)

José Luis Domínguez no era una persona que llamara la atención excesivamente. Barbudo, con cierto sobrepeso, voz muy grave, siempre trajeado debido a su trabajo de vendedor puerta a puerta. En aquellos primeros 80 no existían llamadas pesadas a la hora de la siesta para venderte lo último en interné, como ahora, no: el vendedor venía directamente a tu casa. Y te vendía de todo: desde las clásicas enciclopedias hasta seguros de vida, pasando por un cursos de idiomas.

Precisamente era un curso de inglés lo que más vendía José Luis, y para darle mayor fuerza se le ocurrió una idea peregrina: darle interactividad al curso utilizando el televisor, donde saldrían letras, frases en plan test o similar. José Luis tenía la idea. Pero no sabía si técnicamente era posible, así queni corto ni perezoso se personó en la Escuela de Ingenieros de Telecomunicaciones. Le dijeron que en Inglaterra había un ordenador de bajo precio que podía hacerlo, llamado Sinclair ZX80, pero que no se distribuía en España. Las demás opciones salían muy caras.

Esto es un ZX80. Tenía un procesador de 8 bits (el Zilog Z80) funcionando a 3 Mhz y 1 Kb (sí, 1024 bytes) de memoria RAM.


José Luis vio negoció ahí. Un ordenador personal asequible era una novedad absoluta en España, y se podía forrar si se hacía con la distribución del invento. Así que se olvidó de sus cursos de inglés, y sin pensárselo dos veces se plantó en Inglaterra con un interpréte argentino, ya que como era de esperar nuestro héroe no hablaba ni papa de inglés, con el objetivo de convencer a Sir Clive Sinclair, padre de la criatura, de lo fructífero que sería desembarcar en el virgen mercado español.

Sir Clive Sinclair era un hombre delgado, de barba cuidada y recortada que calzaba unas enorme gafas modelo Rappel y que no quiso saber nada del tal José Luis, o mejor dicho de su intérprete, que llamaba todos los días a su oficina para tratar de concertar una cita. Nunca se la dio, además ya había llegado a un trato con Investrónica, una extraña empresa que era proveedor del ejército español, para entrar en España con su último invento: el ZX81.




Pero José Luis no iba a volver de su aventura con las manos vacías. Acudió a la competencia de Sinclair, Acorn(*) y compró  50 unidades de su último módelo, el Atom. Con ellas volvió a España y montó una tienda, pero no vendió ni una sola unidad. El Acorn Atom de José Luis Domínguez fracasó porque era imposible adquirir en España ningún programa para esta plataforma. Sencillamente, no servían para nada, sólo para programar.  Y nadie de a pie sabía programar.

Un Atom de los de antes...


Tuvo que cerrar la tienda, pero inasequible al desaliento realizó una lista con nombres y direcciones de ingenieros e investigadores de todo tipo, se plantó en sus casas y les ofreció la máquina como "una revolucionaria supercalculadora científica programable" a precio muy bajo, y vendió las cincuenta. Perdió dinero con el negocio, pero aprendió a las malas una importante lección: ningún ordenador triunfará sin tener una buena biblioteca de software detrás.

Entonces, se dijo, seré yo el que haga ese software.

* La CPU de tu móvil está diseñada por esta gente. Aunque ahora la empresa se llama ARM.


domingo, 26 de agosto de 2012

Un pequeño paso

martes, 14 de agosto de 2012

Ley de vida

En el instituto había dos clases de tíos: los frikis que leían a Tolkien y los fuckers que se dedicaban a las tías. Y luego estaba yo, que leía libros de ajedrez. Uno de ellos, quizás el que más me marcó, fue uno llamado "ajedrez de torneo" de David Bronstein. Con un estilo muy directo y fácil, el autor desentrañaba los misterios de las partidas jugadas en el torneo de candidatos de Zurich 1953. Las misteriosas jugadas de Smyslov, Keres, Averbakh, Kotov, Najdorf, Gueller, Euwe, Reshevsky y del propio Bronstein parecen sencillas y lógicas una vez el autor nos explica la idea de las mismas, el plan que están siguiendo.

Y es que el torneo fue impresionante, tanto por la calidad del juego como por el espíritu de lucha que mostraron todos los participantes. Me pareció admirable la determinación de los últimos clasificados y los tremendos esfuerzos que tuvieron que realizar los "buenos" para ganarlos, cosa que no siempre conseguían. Uno de los últimos clasificados fue el ex campeón del mundo Max Euwe, el tipo que le arrebató la corona a Alekhine. Que él fuera el penúltimo de quince participantes da una buena medida del nivel de ese torneo.

De hecho, la victoria de Euwe sobre Gueller es de las más conocidas del torneo. Pero la que más me gustó de todas al reproducirlas fue de un jugador yugoslavo al que hasta entonces apenas había prestado atención, embrujado por la tremenda mezcla de magia y efectividad de los soviéticos. En su partida contra Kotov, con negras, consiguió dominar todo el tablero tras sacrificar dos peones. La partida terminó en tablas tras unos impresionantes malabarismos defensivos del ruso, pero la citada determinación de un jugador que se sabía peor que Kotov y que aún así salió a ganarle me resultó admirable. A partir de entonces empecé a prestar atención a este jugador, y a anotar en mi libreta -sí, porque tenía una libreta donde anotaba las partidas que me molaban. Problem?- cualquier partida suya que cayera en mis manos.

Este jugador se llamaba Svetozar Gligoric y falleció ayer en Belgrado a los 89 años. Con victorias sobre Botwinnik, Smyslov, Fischer, Tal y sobre todo por ser la bestia negra de Tigran Petrosian la palabra leyenda se le queda corta.

domingo, 1 de julio de 2012

20 años

La enfermera se encontró atónita al ver la cama vacía. No encontraba al paciente por ningún lado. Llamó a otra enfermera, y a otra, y a otra, para encontrarlo. Pero no aparecía. Así que informaron, que remedio, a su médico. Éste simplemente levantó el teléfono y envió una ambulancia a donde sabía con toda seguridad que estaba su paciente.

La ambulancia llegó al lugar donde el médico sabía con toda seguridad que estaba su paciente. Los enfermeros bajaron del vehículo y entraron en una sala llena de columnas. Se encontraron con una multitud ovacionando a un viejo que acababa de derrotar a Garry Kasparov, que se alejaba lentamente cabizbajo totalmente ignorado por los espectadores, en el torneo de ajedrez rápido de Moscú. Ninguno de los que aplaúdian, contemplaban al viejo admirado y le pedían autógrafos en el Club Central de Ajedrez de Moscú podían imaginar que Mikhail Tal, que así se llamaba el viejo, acaba de jugar su última partida de ajedrez y que en menos de un mes fallecería.

Mikhail Tal nació con un defecto físico. En su mano derecha tenía tres dedos en lugar de cinco, que utilizaba sobre todo para sostener su perenne cigarrillo. Cuando no fumaba esa mano era ocultada en un bolsillo o debajo de la mesa. Pese a tener dos dedos menos tocaba el piano con soltura y aprovechó esta habilidad para acercarse a la pianista Bella Davidovich y, según las malas lenguas, adornar la frente de su esposa con una cornamenta más.

Simpático, muy amigo de sus amigos, bromista, golfo, algo arrogante, mujeriego, fumador, bebedor, jugador -no sólo de ajedrez-, vividor, amante de la vida, de todo lo que le hacía daño. De salud muy endeble -de muy joven tuvieron que extirparle un riñón- y problemática, que con el tiempo le volvió adicto a la morfina. Dependiente. Ni siquiera se afeitaba él mismo. Nunco tuvo reloj -"¿un artefacto en mi muñeca haciendo tic tic como una bomba?"-, ni coche, ni siquiera una billetera. A lo largo de su vida perdió numerosos vuelos, pasaportes, documentos de todo tipo. Esas cuestiones no le importaban un pimiento. Para él lo primero era divertirse. Y beber vodka. Mucho vodka. Como dijo una vez Viktor Korchnoi, Mikhail Tal ahogó en vodka su talento.

 ¿Y cual era su talento?

Su talento era crear posiciones, citando a él mismo, donde dos y dos suman cinco. Era único creando complicaciones, entramados tácticos incontrolables. Posiciones locas donde dos caballos valen más que una dama. Eso que ahora se llama dinamismo. Entonces se llamaba, simplemente, Mikhail Tal.

"Para algunos, la brillantez ajedrecística es el triunfo de la lógica. Una partida excelente, en su opinión, es una maravillosa construcción clásica de proporciones impecables, en la que cada elemento, cada ladrillo, permanece en su sitio. Aunque, a menudo, también yo me he visto obligado a ganar partidas puramente posicionales, me siento más atraído por el triunfo de lo ilógico, lo irracional y lo absurdo: una lucha feroz tiene lugar en el tablero, sometida a alguna idea, una lucha por ejecutar los planes respectivos, pero el desenlace se produce por un pequeño peón, que no tiene nada que ver con el motivo principal del drama. Por expresarlo en lenguaje matemático, en ajedrez prefiero el lado de un triángulo rectángulo que resulta ser más largo que la hipotenusa." 
 
 Su ascenso fue tan meteórico que las reglas federativas tuvieron que adaptarse a él. Nadie se lo creía cuando ganó el campeonato de la URSS en 1956, con sólo 20 años. No había jugado todavía torneos internacionales, pero el nivel del campeonato de la URSS estaba a años luz de distancia de cualquier otro, así que deprisa y corriendo hubo que organizar una sesión extraordinaria para darle el título de Gran Maestro. No todos estaban de acuerdo. Todas sus víctimas tenían la partida ganada, pero la perdieron por "mala suerte". Todos mostraron, en los análisis posteriores, como ganaban las partidas. Pero ni uno sólo encontró las jugadas sobre el tablero.

Cuando al año siguiente volvió a ganar. Y volvería a ganar cuatro veces más, hasta seis. Y ganó el torneo de candidatos en 1959, lo que le daba derecho a jugar por el campeonato del mundo contra Mikhail Botwinnik. Este, un apóstol de la lógica, acaba perdiendo los nervios ante el irracional, en apariencia, juego de Tal. Y también pierde el título. Mikhail Tal es Campeón del Mundo.

Su preparador, el gran Alexander Koblenz, le advirtió que Botwinnik cambiaría su forma de jugar para adaptarse a la suya, y que en consecuencia debía prepararse para ello. Jamás, respondió Tal. En el match de revancha Botwinnik no da opción y recupera su corona. Fue el campeón del mundo más joven -hasta Kasparov- y el que menos tiempo retuvo la corona. Pero eso no le importaba tampoco. No era por eso por lo que jugaba.

Porque Mikhail Tal jugaba al ajedrez, simplemente, por el ajedrez. Era un fanático, pero no del tipo de Alekhine, estudioso, teórico, analista. Era un jugador compulsivo de ajedrez y sólo le interesaba jugar. Lo mismo le daba jugar un campeonato del mundo que contra unos aficionados en un parque. Y aunque no volvió a disputar un campeonato del mundo, siguió estando entre los mejores hasta su muerte.

Tigran Petrosian, el campeón del mundo que tomó el relevo a Botwinnik y con el que Tal mantuvo duras batallas no ocultaba su admiración.  

"Un genio del ajedrez es alguien adelantado a su tiempo, pero esto sólo puede verse luego, mirando atrás. Desde este punto de vista, pocos pueden ser calificados de genios. Morphy, Steinitz... También Tal. El gran maestro de Riga introdujo en el ajedrez algo que no fue plenamente entendido por sus contemporáneos. Lamentablemente, hemos tenido demasiado pronto la oportunidad de mirar atrás con admiración, de contemplar el extraordinario juego de Tal en su plenitud."

Mikhail Nejemievich Tal murió hace ahora 20 años en ese mismo hospital de Moscú del que se escapaba para jugar al ajedrez.


La última partida de Tal
El hipnotizador...
Cuando no podía escaparse para jugar, el ajedrez venía a jugar con él. En este caso, Curaçao 1962, traído por el mismísimo Bobby Fischer (por cierto, 4-2 para Tal)
 


miércoles, 13 de junio de 2012

Le God.

Le llegó de un patadón, como todos los que le llegaban. El balón le quedó en la espalda. Ningún problema, con un taconazo se hizo un autosombrero y ya tenía el balón delante. Primer toque. Pero tenía a un defensor delante. Con el balón todavía en el aire, se lo adelantó y con un acelerón pasó al defensa. Segundo Toque. Otro defensa que superar. No problem. Picó el balón y lo superó con un sombrero. Tercer Toque. Sólo quedaba el portero. Antes que el balón tocara de nuevo al suelo, disparó a puerta. Cuarto toque. Gol.

En el mismo partido le llegó el balón de un rechace bastante lejos en la frontal del aérea, muy alto para controlarlo con el pie. Pero hay otros recursos. Un leve toque de rodilla para amortiguarlo y luego una volea. A la escuadra. Sin despeinarse.

¿Quién es el autor de estos goles? ¿Maradona? ¿Pelé? ¿O son más reciente? ¿Messi, quizás? No. Matthew Le Tissier. Quizás el mejor jugador del mundo en la primera mitad de los noventa.

¿Quién?

Es posible que, de verlo por la calle en su etapa de futbolista, nunca habría acertado nadie a primera vista que se dedicara eso. Su figura larga y delgada de sus primeros años fueron dejando paso poco a poco a una nada disimulada barriga. Su cara es la típica que puede ver en Benidorm en cualquier bar de guiris. Pues no me suena ¿Donde jugó? ¿United, Liverpool? No. Southampton. Y nunca conoció otro club.

¿El mejor del mundo, dices, y pasó toda su vida en un club de segunda fila?

Sí. A lo largo de su carrera tuvo ofertas muy considerables de Manchester United, Liverpool, Totenham, Chelsea, donde habría ganado más dinero y habría sido más conocido. Pero las rechazó todas ¿Por qué?

Dejemos que Matthew Le Tissier en persona responda.

"Era feliz en Southampton ¿Por qué cambiar? No estamos en esta vida por mucho tiempo, pero sí para pasar un buen rato."

Era feliz en un club cuya máxima aspiración era evitar el descenso. Y si conseguían mantenerse en la Premier era única y exclusivamente gracias a él. Los esfuerzos de la directiva de crear un equipo competitivo alrededor de Matt fracasaron porque nunca podían retener a los jugadores que fichaban y que conseguían destacar. Alan Shearer fue quizás el compañero más famoso que tuvo Le Tissier, y se marchó a Blackburn Rovers -donde ganó una liga- en cuanto tuvo ocasión. Así que sólo quedaba Matt. Lo que tenía como consecuencia que la afición le adoraba. "He is God, Le God", le cantaban. Si te consideran el dios ¿Por qué cambiar?

Festero, amante de la cerveza, aunque no a los extremos que llegaron otros astros británicos de la época, habría encajado bien en el Drink Team, esa fantástica selección inglesa de los noventa repleta de alcohólicos y cocainómanos. Sin embargo, nunca fue un fijo en la selección y sólo disputó ocho encuentros. Coincidir con Gascoigne, Merson o Platt le perjudicó. Y además, no era tan feliz allí como en casa. Era demasiado joven para Italia 90, en USA 94 la selección inglesa entró en un proceso autodestructivo y no fue capaz de clasificarse, y en Francia 98 estuvo a punto de ser convocado por Glenn Hoddle, pero sus mejores años ya habían pasado.

Disputó, entre liga, copa y copa de la liga exactamente 528 partidos defendiendo a los Saints, anotando  201 goles. Su mejor etapa fue, como suele pasar, cuando todavía no tenía barriga: de la temporada 89/90 hasta la 94/95. En esas seis temporadas anotó nada menos que 96 goles. Lanzó 50 penaltys...y marcó 49. Mark Crossley, del Nottingham Forest, tiene el honor de ser el único portero capaz de pararle un penalty en 16 temporadas en la Premier League.

No he visto nunca a un jugador marcando goles como lo hacía Le God. Juzguen Vds.




lunes, 11 de junio de 2012

Ruslan

Ya está. Vasily Ivanchuk acaba de derrotar al mejor, a su bestia negra, al mejor, a Vishwanathan Anand. Es ya campeón del mundo. Bueno, falta un tecnicismo. Lo ha derrotado en semifinales. Falta la final. No hay problema. El otro finalista es un chaval de 18 años llamado Ruslan Ponomariov, ucraniano como él, y con cara de vampiro.

Y empizan a jugar, cosa hecha. Kasparov pronostica un 6-0 para Ivanchuk, dice que Ruslan ha llegado a la final de chiripa y que no pertenece a la élite. Pero, de repente, la cosa no va bien para Vasily. Pese a contar con el favor de Dios Kasparov, pierde la primera partida. Y también los nervios cuando ve a Veselin Topalov, en ese momento número seis del mundo, como entrenador de Ruslan. Bien es cierto que no era un secreto y que se anunció tiempo atrás con rueda de prensa y todo, pero Vasily no lo creyó. Pensó que era una treta psicológica y no lo creyó. De repente, le quedó claro que el chaval no se iba a asustar. Va a por él. Se había preparado para ganarle. Uno de sus mayores rivales, el búlgaro Topalov, le había enseñado a ganarle, le había enseñado sus puntos débiles en sus aperturas, y vaya si Ruslan iba a sacar partido de esas incontables horas de entrenamiento. Tras tres tablas, Ruslan gana la quinta y tras entablar la sexta se proclama campeón del mundo.

Jamás la proclamación de un nuevo campeón del mundo de ajedrez había cabreado a tanta gente. Kasparov lo despreció: "No lo he visto nunca. Podría sentarse a mi lado y no lo reconocería". Rompió todas las negociaciones con la FIDE para la reunificación del título hasta que le dieran alguien "más comercial". Explicó su triunfo diciendo que " simplemente se dedicó a recoger los puntos después de grandes errores", errores cometidos debidos a "el nuevo control de tiempo". Sin embargo, con "el nuevo control de tiempo", Ponomariov no cometió tales errores. Aunque este punto Kasparov prefirió no mencionarlo.

No se puede decir que el subcampeón del mundo se lo tomara con especial deportividad. Insulta a Ponomariov llamándole "ridículo" y remarcando de nuevo "que no pertenece a la élite". Culpa de su derrota, otra vez, al control de tiempo. Sin embargo, fue el mismo con el que derrotó a Anand y a todos los demás hasta llegar a la final. Pero curiosamente sólo en la final fue un obstáculo.

Ruslan Ponomariov no sólo tiene el récord de campeón del mundo más joven de la historia, también tiene el de campeón del mundo más menospreciado de la historia. Hay una anécdota que lo expresa muy bien. En plena olimpiada de Bled, en Eslovenia, Pono se olvida la acreditación en el hotel y no le dejan entrar en la sala de juego. El segurata, muy educado eso sí, es inflexible y se niega a dejar pasar al chaval. Hasta que alguien de la organización se le acerca y le dice. "Déjale pasar. Es el campeón del mundo".


martes, 5 de junio de 2012

Mr. Trololo

Todos los que me leen, seguro, lo han visto: un señor trajeado que canta trolololó lolo trololo sin perder la sonrisa en ningún momento. Sí, un meme de internet ¿Pero quién es este tío?

Su nombre era Eduard Khil y era natural de Smolensko, en el momento de su nacimiento URSS. Nacido en 1936, tuvo la infancia habitual en esos tiempos y esas tierras: guerra de exterminio, bombardeos, ejecuciones. Evacuado y separado de su madre y vuelto a evacuar según avanzaban los alemanes. Todo en esta vida termina tarde o temprano, y la guerra no es una excepción. Se reencuentra con su madre en plan Marco y se van a vivir a Leningrado, donde estudia en el conservatorio y se pone a cantar por las calles para ganarse unos rublos.

Cuando termina el conservatorio empieza a ir a concursos de canto en plan operación triunfo pero en marxista-leninista y los gana todos, el tío. Incluso va al equivalente del Pacto de Varsovia del festival de Eurovisión (que se llamaba Intervision nada menos) y queda segundo, cosa que no sé si es mucho o poco, pero bueno. El caso es que se hace muy popular, sobre todo en Leningrado y disfruta de una larga carrera cantando. Y para los que se ríen de su jeta que sepan que llegó a casarse con una bailarina cachonda y hasta le llegan a dar una condecoración, nada menos que la Orden de Lenin al Mérito del Trabajo, supongo que  por sus méritos musicales y no por su trabajo con la bailarina.

Su estilo es fácilmente reconocible, y no varía mucho de lo que han visto ustedes. Música alegre y el hombre este cantando con una amplia sonrisa, voz poderosa pero -dicen en Rusia- cálida y también destaca las letras de sus canciones, en general cargadas de optimismo y sentido del humor.

No es el caso de trololó, cuya letra no está cargada de nada. El mérito de las letras no era de Mr. Trololó, que sólo cantaba. Un tal Lev Oshanin escribía las letras, y otro tal Arkadi Ostrovsky escribía la música ¿y como perpetraron esta canción? Bueno, originalmente esta canción versaba sobre un cowboy de Kentucky que regresa al hogar tras un largo día marcando reses, matando indios y esas cosas que hacen los cowboys. Hoy he escuchado, en el telediario de una cadena que no voy a nombrar, que la censura soviética prohibió el tema, pero no es cierto. Periodismo de Kalidad, sí. Pero no fue así.

Lo que sucedió fue que mientras estaban trabajando en el tema al citado letrista le entró un ataque de ego y se atribuyó todo el éxito de Mr. Trololó, diciendo al resto del grupo que el mérito era sólo suyo y que si pusieran a un pavo cualquiera a cantar sin música el éxito sería el mismo. Se le fue la cabeza, en efecto, y como el resto de los implicados no estaba de acuerdo con esta valoración el letrista en cuestión monta en colera, se cabrea, se niega a respirar y a terminar la letra. Sin la letra del último tema que les faltaba para terminar el álbum, con el único que podía escribirla en pleno brote psicótico-megalómano y con unos plazos que cumplir para acabar el disco, cantante y compositor tuvieron que improvisar.

Quedó claro que escribir letras de canciones no era el fuerte de nuestros dos héroes, y de hecho no volvieron a repetir la aventura. La historia acaba bien, terminan el disco y hacen las paces con el letrista loco ese, algo así como la versión rusa de Larry David, y hala, a seguir. La canción esta no pasó de ser una mera canción de relleno por cumplir unos plazos de entrega. Y así siguió hasta 2009, cuando no sé sabe muy bien como la canción se hace popular en youtube y se convierte en el meme que todos conocemos.

E incluso la página web http://trololololololololololo.com/ incluyó durante un tiempo una petición para que Eduard Khil, ya retirado desde hacía mucho, volviera en plan Leonard Cohen e hiciera una gira mundial.

¿Y que dijo Eduard Khil?

Pues tras extrañarse en un principio y decir que no entendía como esa canción pudiera gustar a nadie, se adaptó pronto a su renovada fama y no se puede decir que sufriera por ello. Aunque declinó la invitación de sus nuevos fans, el hombre estaba encantado de volver a firmar autógrafos y hacerse fotos por las calles de, ahora, San Petersburgo.

Y así hasta hoy, día en el que Mr. Trololó nos ha dejado para cantarle a Caronte. Que el viento solar te sea favorable. Como dijeron en Star Trek II cuando muere Spock, su muerte tiene lugar a la sombra de una nueva vida. Él no está realmente muerto si encontramos una manera de recordarlo.

Que triste cuando muere Spock.

domingo, 6 de mayo de 2012

La maleta

"La maleta" es quizás la obra más conocida del desconocido Sergei Dovlatov. Disidente y exiliado en los Estados Unidos, nunca aceptó cambiar el ruso por el inglés y fue fiel a su lengua materna toda su vida. Naturalmente, esto tenía la consecuencia de que ningún editor le publicaba, ya que nadie iba a pagar los costes de traducción de un tipo que no le daba la gana escribir en inglés.

Instalado en Nueva York vivió de gorra en plan Kramer a costa del famoso poeta Joseph Brodsky, que lo consideraba uno de los mejores narradores contemporáneos. Gracias a él y a sus traducciones gratuitas pudo publicar algún cuento en la revista New Yorker y sacarse un dinero que invariablemente invertía en vodka. Además, Brodsky lo enchufó como redactor jefe de una revista de literatura rusa (en ruso) de escasísima difusión, y que era leída exclusivamente por exiliados. Sus novelas pasaron completamente desapercibidas fuera de este círculo hasta su muerte, a los 49 años, consecuencia de una de sus habituales borracheras que terminó en coma etílico.

"La maleta" trata, precisamente, del momento en que es expulsado de la URSS por "parasitismo social", entre otros cargos propios de una novela de Orwell. La ley soviética sólo permitía sacar del país un equipaje de tres maletas. Dovlatov descubre horrorizado que todas sus pertenencias caben en una sola maleta. A partir de ahí cuenta la historia de cada uno de esos objetos que mete en la maleta y se lleva a Estados Unidos. Con la historia de cada objeto nos cuenta un capítulo de su vida, sus éxitos, sus fracasos, sus alegrías y sus penas. 



"¿Me preguntas que es la patria? ¡Patria es donde hay vodka, hermano!" - Sergei Dovlatov.

Arijan Komazec (y III)

Nadie quería a un jugador en plena depresión y con un intento de suicidio a sus espaldas. Todavía con contrato en vigor, el Panathinaikos contactó infructuosamente con una buena cantidad de clubes europeos para deshacerse de él. El jugador fue ofrecido, entre otros, al Real Madrid y al Barcelona, que rechazaron el fichaje. Fue a parar al único club que mostró interés: el Pallacanestro Varese, un histórico italiano con 5 copas de europa en su historial, pero ahora venido a menos ya que militaba en la segunda división italiana.

El coach del equipo era el americano Joe Isaac, que entendió a la perfección a su nuevo fichaje. Komazec se encontró en su nuevo club con un ambiente familiar y cálido, donde la otra función del entrenador era organizar barbacoas semanales para los jugadores y sus familias. Con el tiempo, Joe Isaac se convirtió en una especie de segundo padre para Arijan.

En la pista, con el ánimo recuperado Arijan se salió. El sistema de juego del Varese era tan simple como este: balón a Komazec, penetración que se convertía a menudo en un uno contra cinco y, si Komazec no podía resolver, balón doblado a uno de sus compañeros libres, que tampoco eran mancos. De todas formas, resolvía, y daba la impresión que pasaba el balón sólo para sumar una asistencia más a su estadística.

El Varese volvió a la máxima categoria del baloncesto italiano por la puerta grande. En la ruda serie A-1, Komazec volvió a arrasar: máximo anotador con 33 puntos de media por partido, en siete partidos superó los 40 puntos, segundo en balones robados, cuarto en asistencias, segundo en porcentaje en tiros de dos y sexto en tiros de tres, para un estratósferico y nunca visto 37,94 de valoración de media por partido, récord que sigue vigente.

El Varese cayó en los playoffs contra el Stefanel de Milan que contaba con Dejan Bodiroga, Gregor Fucka, Ferdinando Gentile y Dino Meneghin. El Varese, en el fondo, era un one-man-team y poco podía hacer contra el buen juego colectivo tejido por Bogdan Tanjevic. Aún así, Komazec fue imparable, anuló a Bodiroga y mantuvo su media de 33 puntos.

Varese se le había quedado pequeño. Dos equipos llamaron a su puerta. Los New Jersey Nets, huérfanos de Petrovic y todavía traumatizados por la muerte del mago de Sibenik, que no encontraba el rumbo en la NBA. No eran mal equipo, con Kevin Anderson y Derrick Coleman ("me pagan por aguantar a este tipo"- Chuck Daly) pero desmoralizados y necesitados de un revulsivo. Que se llamaba, naturalmente, Arijan Komazec.

El otro equipo era otro huérfano, en este caso de Pedrag Danilovic que se había marchado a los Miami Heat de Pat Riley: la Virtus de Bolonia, campeón de la Lega por dos años consecutivos, con muchas posibilidades de una tercera y de hacer algo grande en la Euroliga.

Arijan no quería dejar europa sin algún título colectivo, así que eligió la Virtus. Se encontró un escenario muy diferente a Varese. Un entrenador que en lugar de organizar barbacoas manejaba el látigo con soltura. Un público hostil, que añoraba a Danilovic, que nunca dejó de compararlo con él y que jamás le perdonaba errores.  Y que le culpó de la eliminación en semifinales de Lega frente, otra vez, el Stefanel de Dejan Bodiroga, que además le superó en el duelo individual.

Su segunda temporada, además de encontrarse con todo lo anterior, hubo de sumar el problema de las lesiones. Se perdió partidos clave y fue acusado por la prensa de Bolonia de fingir esas lesiones porque no podía con la presión. Komazec respondió jugando lesionado, en un escándalo típico del baloncesto italiano, donde los médicos del club, en lugar de parar la decisión del jugador, dieron el visto bueno aunque sabían que estaba a punto de romperse, y con un entrenador que le hizo jugar conociendo perfectamente esa circunstancia.

Komazec se rompió definitivamente en semifinales contra el gran rival ciudadano, el Teamsystem de Alexander Djordjevic. Con el tobillo destrozado y varias operaciones ese verano para tratar, aunque fuera parcialmente, de recuperarlo, abandonó el club con destino, de nuevo, a Varese.

Ya nunca volvió a ser el mismo. Aún así, jugando con un pie mantuvo una media de 18 puntos por partido, muy lejos de sus registros de antaño pero, claro, con el atenuante que jugaba cojo. La temporada magnífica ya que nadie esperaba nada, aunque de nuevo su equipo cayó en semifinales, contra su ex-equipo, la reforzada Virtus de los hijos pródigos Messina y Danilovic.

Cojo, Komazec deja el Varese y ficha por Olimpiakos en lo que considera su última opción para, por fin, ganar un título. No pudo ser. Tiene que ver como el Varese gana el Scudetto precisamente el año que él se va; y como el Panathinaikos de Bodiroga y Radja gana la liga griega.

Su última temporada completa la disputa por sorpresa en Zadar, que también ficha por sorpresa a Dino Radja. Y ¡tampoco! ganan la liga croata, dominada sin fin por la Cibona. Tras una breve experiencia en un equipo polaco y un estrambótico fichaje por los Vancouver Grizzlies, donde cobra pero no debuta, unos pocos partidos en el AEK de Atenas y una última temporada en Avellino italiano, se retira.

Se establece en Zadar y es un habitual de la grada de su antiguo equipo. Su última aparición pública sucede unos años después de su retirada, como espectador en un Zadar-Partizan de la liga adriática, donde los ultras del Zadar le acusan de ser serbio y tratan de lincharlo. Al antiguo ídolo del club. La policía responde deteniendo a Komazec y llevándoselo al calabozo.

Y tras esto, desaparece. Nadie sabe donde vive. Giussepe Giergia, que más o menos mantiene un contacto con él, afirma que sigue viviendo en Zadar, en las afueras, aunque no sabe exactamente donde. De nuevo, se habla de depresión y de intentos de suicidio. De soledad mal llevada.

Arijan Komazec fue el mejor anotador europeo de la década de los noventa. Un jugador extraordinario con unos fundamentos y una técnica difícil de ver hoy día en un baloncesto moderno (risas del público) donde el músculo es más importante que el cerebro. Un tipo que nos hizo disfrutar a todos lo que nos gusta el baloncesto. Estés donde estés, gracias tío.


viernes, 4 de mayo de 2012

Arijan Komazec (II)




Hay veces que el destino de un niño es imposible de adivinar. Otras veces, lo imposible es no hacerlo. Es el caso de Arijan Komazec. Su padre fue jugador del Zadar en su edad dorada, y por cierto, compañero de Mark Ostarcevic, el hoy tristemente célebre en España. Así, su padre le pone a botar un balón en cuanto se pone en pie, y muy temprano ingresa en las categorías inferiores del Zadar. Es bueno, muy bueno, o por lo menos lo bastante bueno para debutar en el primer equipo a los 16 años. Para que vean como era aquella familia, la estrella del equipo es...su tío, Petar Popovic.

Aunque pronto sería desbancado por su sobrino. En su tercera temporada, a los 18 años, fue el máximo anotador de la liga, título que conseguiría tres años más, hasta el final de la competición por la guerra. En 1990 fue elegido el mejor jugador de la liga. En una liga donde estaban Toni Kukoc y Sasha Djordjevic. Ese mismo año fue campeón del mundo con la selección yugoslava.

Desgraciadamente en el Zadar no hubo éxitos colectivos. La plantilla no daba para tanto, y se tenían que conformar con perder partidos contra equipos más maduros y con la mitad de la tabla. Esto no impedía que Arijan metiera 40 puntos por partido al más puro estilo Petrovic, claro, pero no era suficiente. Hacía falta algo más.

Ese algo más se llamaba Dejan Bodiroga y acababa de convertirse en compañero de Arijan cuando estalló la guerra. En plena guerra y sin trabas legales para elegir el destino deportivo Bodiroga se marchó a Italia. Komazec le debía haber seguido, pero no lo hizo. Se quedó en el Zadar en plena guerra, jugó la primera liga croata en plena guerra, fue el mejor jugador de la liga...y perdió la final contra la Cibona de Danko Cvjeticanin.

Durante toda lo que duró la primera liga croata un tal Zeljko Pavlicevic no dejó de llamarle todos los días, e incluso vivió una odisea para atravesar su antiguo país donde todos se estaban matando y visitar a Arijan a su casa, para convencerle de que dejara Zadar y se uniera al Panathinaikos de Atenas, que le esperaba con muchas dracmas y mucha hambre de competición. El reto era destronar al Aris de Nikos Gallis, y para eso necesitaban un anotador que le diera la réplica. Y para eso no valía cualquiera.

Tras muchas reticencias, Arijan aceptó. Tenía 21 años y terror a dejar el hogar paterno. Sin embargo, esos padres necesitaban un dinero que el Zadar ya no podía ofrecerles. Así que finalmente, y ya que Pavlicevic se había tomado más molestias que el resto, aceptó la oferta y se mudó a Atenas.

Sin embargo, no pudo dar esa réplica. La directiva tenía una filosofía distinta a la de su entrenador. En lugar de querer luchar contra Gallis, prefirieron unirse a Gallis y lo ficharon. Un acierto, sí, tener a dos de los mejores escoltas de Europa en el mismo equipo. Pues no.

Komazec nunca se adaptó a la vida en Grecia ni a la competencia de un jugador como Gallis. No de forma deportiva, porque al principio anotó más que él. El punto álgido fue la final de la copa, que ganaron y en la que Komazec anotó 30 puntos. Dice el propio Komazec que al finalizar el partido

"El presidente bajó a hablar conmigo y me dijo que había anotado demasiado y que Gallis podía enfadarse".


Sí, se enfadó. Furioso por tener una sombra, Nikos Gallis planteó a la directiva el clásico o él o yo. Funcionó. Komazec empezó a tener menos minutos, menos balones, menos tiros y se sumió en una depresión cuando se dio cuenta que su entrenador no estaba a su lado. Las noticias de la guerra, la muerte de antiguos compañeros de colegio, tampoco le ayudaron anímicamente. De repente, por primera vez en su vida Arijan Komazec se sintió solo. Y no pudo soportarlo.

Su compañero de equipo Stojan Vrankovic lo sujetó en el último momento, cuando iba a lanzarse al vacío desde la cornisa de un hotel ateniense. Durante ese tiempo se especuló sobre el consumo de drogas y problemas de alcohol, pero la realidad era más simple, y quizás más dura: Depresión y ninguna ayuda.

La temporada terminó de forma esperpéntica, con el presidente del Panathinaikos, el millonario farmaceútico Pavlos Giannakopuolos, denunciando un complot arbitral y retirando a su equipo del play off final. Y por supuesto, haciendo caso a Gallis y echando a Komazec del club, al que acusó de fingir lesiones para no jugar.

Arijan Komazec (I)

Es interesante el concepto de plaga bíblica. Nunca lo ví reflejado con más exactitud que a finales de los ochenta en las canchas de baloncesto europeas. Tras muchos años de trabajo y una excelente gestión, el Barcelona se había convertido en uno de los mejores equipos de Europa. Concretamente, en el segundo mejor. Año tras año chocaban contra unos chavales que parecían los ejecutores divinos de la maldición. La lluvia de sapos y culebras duró tres años y acabó desmoralizando al Barcelona de tal forma que se pasó todo un lustro sin levantar cabeza a causa del trauma.

No hace falta que diga que ese equipo-plaga bíblica se llamaba Jugoplastika y, tras cambiar de patrocinador, Pop 84. Para defenderse de ellos los clubes europeos recurrieron a su mejor arma: el dinero. Y así, le quitaron a su, como dirían los americanos, jugador franqucia: Dino Radja. No funcionó. Ganaron.

Sólo la guerra pudo vencer al equipo de Split. Con la antigua Yugoslavia ardiendo en una guerra sin sentido, los equipos europeos se lanzaron como buitres hacia todos sus jugadores. No perdonaron ni uno.

Se podrían poner muchos ejemplos de la calidad de ese equipo. El especialista defensivo que tenían se llamaba Velimir Perasovic. Era un tirillas al que emparejaban con el mejor jugador exterior rival. Y pese a su falta de músculo, solía tener éxito. Pues ese tío, el que sacaban del banquillo cuando un jugador rival se ponía a meter triples -Epi tuvo pesadillas-, fue 5 veces máximo anotador de la ACB. Sí, el que era suplente en ese equipo.

No creo que exagere si digo que en aquellos años la liga yugoslava era la mejor de Europa. Basta echar un vistazo para ver los nombres que componían el equipo del eterno subcampeón, el Partizan de Belgrado: Alexander Djordjevic, Sasha Danilovic, Zarko Paspalj, Vlade Divac. Esos nombres formarían la base de lo que fue la selección serbia en los 90, la que ganó dos campeonatos del mundo. Pues esos, los que serían campeones del mundo, perdían año tras año contra la Jugoplastika de Split.

Era una liga corta para lo que se estila hoy, bueno, y en la época también, solamente doce equipos a doble vuelta. La filosofía era opuesta al cuantos más equipos mejor de las ligas occidentales -más equipos significan más partidos, lo que significa más taquilla y más derechos de TV-  y tiene su explicación en que los entrenadores eran escuchados por los federativos para decidir el formato. Eligieron una liga corta porque así, con menos partidos, podrían entrenar más y la saturación de los jugadores sería menor. Entrenar más significa jugadores con mejores fundamentos y mejor técnica. Y tenía el añadido que, al ser pocos equipos, la calidad de los jugadores se concentraría mejor, y en lugar de tener equipos con uno o dos jugadores realmente buenos -como pasaba en la mayoría de equipos europeos- tenían equipos con cinco o seis jugadores muy buenos.

El tema de los traspasos también era muy diferente. Todos los clubes daban prioridad a la cantera porque fichar a un buen jugador ya formado era casi imposible. Cuando un equipo quería fichar a un alguien se reunían federativos y entrenadores para estudiar la repercusión que ese traspaso iba a tener en la liga. Sólo si había una amplia mayoría a favor se procedía al traspaso. Y casi nunca se alcanzaba esa mayoría. Lo que se buscaba era que los equipos fueran buenos y con jugadores de calidad, pero no que un equipo aglutinara a la selección nacional -como pasaba, por ejemplo, en España entre el Barça y el Madrid-

Hay que decir que lograron su objetivo de una competición equilibrada. Solamente en los últimos años dos equipos pudieron ganar la competición de forma consecutiva: Cibona de Drazen Petrovic y la Jugoplastica de Toni Kukoc y Dino Radja. Y existía toda una jauría de equipos que en otras ligas habrían arrasado pero que en la competitiva liga yugoslava quedaban en mitad de tabla. Bosna Sarajevo, Estrella Roja de Belgrado, Zadar...precisamente de un jugador del Zadar vamos a hablar.