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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Androides que no sueñan con ovejas eléctricas

Esta semana el carguero japonés HTV-4 dejaba la Estación Espacial Internacional e iniciaba su camino hacia la incineración en la atmósfera terrestre una vez cumplida su función. No es nada nuevo: los cargueros espaciales existen desde hace casi cuarenta años. La noticia es que transportaba algo que los americanos llaman first, esto es, algo que se hace por primera vez.

Ese algo era un robot parlanchín con una innegable estética manga llamado Kirobo.

Es supeeer mooonoooo!!!!


Aquí vemos a Kirobo "entrenándose" en un vuelo parabólico simulando gravedad cero. Pese a tener brazos y piernas no sabe andar, o no de manera eficiente. Su piernas son simple estética y sus brazos no pueden sostener nada. Su función es gesticular y apoyar lo que dice con lenguaje no verbal a la humana. Sus enormes ojos manga sí tiene utilidad, detrás de ellos hay un potente sistema de reconocimiento facial (hola, Carlos!) que le permite distinguir a todos los miembros de la tripulación y dirigirse a ellos por su nombre.

Sí, muy chulo y muy japonés...¿pero para qué sirve este remake de Astroboy?

Básicamente para trasladar las órdenes de control de tierra al único astronauta japonés de la ISS. También tiene un modo de conversación autónoma y puede hablar con los astronautas por sí mismo, con el objeto de entretenerlos, relajarlos y quitar tensión. Aunque el plural está de más, ya que el único idioma que habla Kirobo es el japonés, por lo que es inútil para el resto de la tripulación.

También para que su fabricante, nada menos que Toyota, se haga publicidad y coloque a su gemelo, otro robot idéntico llamado Mirata, al lado de Asimo en el Museo de la Ciencia de Tokyo. Hasta hablaran entre ellos y todo.



Aunque técnicamente hablando no es el único robot de la ISS. La NASA tiene el suyo en órbita desde hace dos años, llamado Robonaut-2. Si Kirobo era kawaii y muy japonés, Robonaut-2 es un Terminator muy americano.

Exterminar...humanos

Estrangular...humanos

 
Humano, le apetece una relajante partida de...boxeo?


Técnicamente hablando el robot es un tronco con dos brazos y manos articuladas, que pueden manipular cualquier herramienta, y una cámara en ese cabeza en plan Jefe Maestro. Ese tronco se puede poner en cualquier cosa, a destacar el aspecto molón y made in USA del rover lunar:

Aplastar...humanos


No es autónomo y es operado desde tierra, por lo que no puede volverse loco y matar a toda la tripulación humana por sí mismo. Su finalidad última es conseguir un robot autónomo que sustituya a los astronautas en las actividades peligrosas (sobre todo las extravehiculares) y tener un cacharro que puede detectar y reparar insitu cualquier avería sin intervención humana. Así que futuras versiones sí podrían decidir que los humanos son un gasto de recursos innecesario y reparar el problema de un plumazo. Miedico.

Buscansdo...robopilinguis


Como no podía ser menos, los rusos también tienen su propio robot. Está en fase de pruebas y llegará a la estación en 2014. Tiene hasta entonces para encontrarle un nombre más evocador que SAR-400, que significa algo así como sistema automático robotizado número cuatrocientos. Su diseño es idéntico al americano, un tronco con cabeza-cámara y extremidades con manos artículadas- aunque menos bruto pero no por ello menos siniestro.

Parece que trabaja pero esta viendo su facebook.

Miedico.

El espacio: la última frontera (eso del fondo es un traje Orlan para darse garbeos por el espacio)


Actualmente la misión de estos robots antropomorfos no pasa de evaluar lo útil que puede ser a los astronautas tener ayudantes mecánicos. Hay que decir que hasta ahora plim, pero estamos justo al principio de estas experiencias. Quién sabe como será el robonaut-5, el SAR-1000 y el Songoku-800. Quizás sueñen con ovejas eléctricas. O no.






domingo, 26 de agosto de 2012

Un pequeño paso

miércoles, 7 de marzo de 2012

Sputnik (II)

Pero quizás el personaje que más influyó en el futuro diseño de los cohetes soviéticos fue Igor Vasilyevich Kurchatov. Éste no era un ingeniero de cohetes, ni tiene nada que ver con este campo. Kurchatov era físico y fue el padre de la bomba atómica soviética. Junto a a Yuri Khariton, Yakov Zeldovich y Andrei Sakharov fue recluido en la ciudad de Sarov, que desapareció literalmente de los mapas civiles y apareció en los militares como Arzamas-75. Una muestra de la obsesión soviética por el secreto: Ese 75 eran los kilómetros que separaban Sarov de la ciudad de Arzamas, por lo que alguien consideró que daba demasiada información. Así que rápidamente su nombre fue cambiado por Arzamas-16, considerado más seguro ya que ese guarismo no significa nada.

La presión a la que estaban sometidos estos científicos era enorme. Como muestra un botón: En una ocasión Beria se planto allí con un grupo de científicos, y tras las presenteciones Kurchatov preguntó:

-¿Van a trabajar con nosotros, camarada?
-No, son los que os van a sustituir cuando os fusilemos, si no tenéis la bomba antes de que acabe el año.

Y todos sabían que Beria no bromeaba...

¿Y como encaja este hombre en la historia? En 1942 Stalin se enteró, cortesía de su servicio de espionaje, de lo que estaban preparando los americanos en Los Alamos. Desconfiado como era, supuso que ese arma daría una gran ventaja estratégica a sus aliados después de la guerra y, sobre todo, que la podrían usar contra la Rodina. Así que reaccionó sacando el látigo y poniendo a trabajar en el asunto a sus mejores físicos. Pero sobre todo, infestando Los Alamos de espías.

Alan Nunn May, Klaus Fuchs, Theodore Hall y el matrimonio Rosenberg pasaron toda, pero toda, la información necesaria a los rusos para que un 29 de agosto de 1949 estallara en Semipalatinsk la primera bomba atómica soviética, copia exacta de la Fat Man que desintegró Nagasaki y bautizada por los rusos como Primer Rayo y por los yankis como Joe-1.

El siguiente paso cuando tienes una bomba atómica es crear una forma de transportarla a lo que quieres destruir. Los americanos resolvieron ese problema con sus bombarderos: Miles de ellos al acecho a pocos kilómetros de la frontera rusa. Stalin llegó a la conclusión que nunca podría crear una flota que diera respuesta a los mismos, así que se decidió por ordenar la construcción de un cohete que la llevara a Nueva York tan ricamente. Y puso a trabajar en ello inmediatamente a todos los residentes en Gorodomlya.

Korolev se frotaba las manos: La bomba pesaba cuatro toneladas, por lo que el cohete sería gigantesco, de una potencia inimaginable en 1949 y capaz de alcanzar la órbita terrestre...Y mucho más.

Sputnik (I)

Hoy en día damos muchas cosas por sentado. Pulsamos unos botones en un teléfono y le enviamos un mensaje a un señor que está en las antípodas. Y lo vemos con total naturalidad, como si hubiera estado allí toda la vida, como si fuera cosa de magia. Pero con frecuencia ignoramos que para que todo funcione tiene que haber un cacharro a muchos kilómetros de altura, y con más frecuencia ignoramos como ha llegado hasta ahí. Por no mencionar a los magos que lo han hecho posible.   

Uno de estos magos se llamaba Serguei Pavlovich Korolev. Nació en Zhytomyr, Ucrania, en 1907, producto de un matrimonio concertado que acabó en fracasó: En 1910 sus padres se separaron, aunque su madre jamás le confesó tal cosa al crío y preferió decirle que su padre había muerto (que cosa tan rusa). Criado por sus abuelos maternos, demostró un interés por las mates que se acrecentaron con el segundo matrimonio de su madre con un ingeniero de ferrocarriles.

Su infancia fue la típica de cualquier chaval de Ucrania en un periodo de guerras, revoluciones, hambrunas y sin antibióticos. Contrajo un tifus que casi lo mata y se pasó hasta 1920 escondido en un sótano. A pesar de todo nunca dejó de estudiar, y tras ese periodo pudo entrar sin problemas en la universidad politécnica de Kiev, fascinado por la aviación por una demostración de planeadores que vio antes de la guerra.

A finales de los veinte Stalin necesitaba un porrón de ingenieros para hacer realidad la industrialización y sus planes quinquenales, así que a Korolev no le faltó trabajo: Lo encontró a las órdenes de otro peso pesado de la aeronáutica rusa, Andrei Tupolev, y se pone a diseñar aviones como el bombardero pesado TB-3, aunque entonces ya había mostrado interés por un tema aeronáutico en particular: Los cohetes.

Los trabajos del americano Robert Godard, el alemán Hermann Oberth y una peli llamada la mujer en la luna le impresionaron a él y a Stalin, que ordenó la creación del Grupo de Estudios sobre Propulsión por Reacción (GIRD en sus siglas rusas) al que se unió y llegó a dirigir en 1932. Allí conoció al que después sería su archienemigo, Valentin Glushko.

El grupo consiguió algún éxito (el cohete GIRD-X alcanzó una altura de 5 kms.), pero llegaron las purgas y todo el grupo fue víctima de ellas. El primer detenido fue Glushko.

-Camarada-algo así le dijo el interrogador del NKVD- Sergei Pavlovich te ha denunciado (era mentira), es culpa suya que te estemos dando de hostias ¿Que tienes que decirnos de él?- Y Valentin dijo y, naturalmente, Korolev a la cazuela. Le lanzaron el mismo anzuelo y picó (quién no). Los dos fueron condenados en base a las acusaciones que se inventaron bajo tortura, y pasaron toda su vida odiándose mutuamente porque pensaban que el otro los había denunciado, sin conocer estos hechos o, como diría Una, ignorando la contextualización.

Korolev fue a parar al gulag de Kolima, en Siberia. Allí perdió toda su dentadura y parte de su vida: Jamás recuperó del todo su salud, y muy fácilmente su prematura muerte se deba a las animaladas que sufrió. Pese a todo, tuvo suerte: Su antiguo mentor, Andrei Tupolev, se enteró de la situación de su pupilo y consiguió sacarlo de ahí. Su nuevo destino sería la sharashka, una especie de gulag científico donde los trabajos forzados se realizaban sobre mesas de dibujo, que dirigía el también purgado pero menos Andrei Nikolayevich Tupolev.

 La Oficina Central de Diseño 29 de la NKVD era el hogar de Korolev cuando Hitler decidió que invadir la URSS era una gran idea. Puede decirse que fueron estos grupos de prisioneros, condenados por traición y sabotaje, los que hicieron posible que el Ejército Rojo pudiera competir técnicamente con la Wehrmacht. Por ejemplo, de la sharashka de Korolev salió uno de los aviones soviéticos más importantes de la guerra: El Illyushin Il-2 Shturmovik, el tanque volador que dió la réplica al famoso Stuka como avión de asalto.

Sin embargo, en 1942 Lavrenti Beria, el siniestro jefe de los chekisti, decidió reunir a los ingenieros de cohetes -bueno, los pocos que quedaban- en un mismo grupo como respuesta a los evidentes avances alemanes en este campo. Así se creó un grupo bajo la dirección de Glushko, precisamente, al que fue a parar Korolev como su subordinado. No fue muy productivo que digamos: La mezcla de miedo y odio que se tenían, temiendo nuevos chivatazos, no crearon el mejor ambiente de trabajo posible. Pese a todo, y contra la opinión de peces gordos del partido y del ejército, que los veían como a una especie de parásitos, Beria los mantuvo vivos pensando en el futuro.

En 1944 cuando Glushko, Korolev, Tupolev y miles de científicos de las miles de sharashkas recobraron la libertad y sus cargos fueron desestimandos cortesía del mismo bigotudo que los esclavizó. De repente, el prisionero de las minas de Kolima es condecorado y promocionado a coronel del Ejército Rojo. El futuro en el que pensaba Beria llegó en 1945, tras la caída de Berlín, cuando Sergei Palvlovich fue enviado a Alemania para estudiar un invento alemán llamado Vergeltungswaffe 2.

Mientras los americanos ganaban el premio gordo y se llevaban a Von Braun y Walter Dornberger, los ruskis se conformaron con la pedrea: Helmut Grottup, empleado de Peenemunde a las órdenes de Werhner y especialista en guiado. Su captura por los soviéticos en realidad no fue tal: El ex-nazi vivía en la zona americana, pero rechazó su oferta porque no quería alejarse de su familia, así que aceptó una oferta soviética donde, además de una buena cantidad de marcos, se le permitió viajar a la URSS con su esposa y prole más la promesa de que regresaría a Alemania cuando finalizara su trabajo, cosa que sucedió en 1955. Destino: Isla de Gorodomlya en el lago Seliger. Aquí se formó el NII*-88 bajo la dirección de Korolev, donde se concentraron todos los especialistas alemanes en cohetes en la URSS (voluntarios o no).

Contrariamente a la creencia popular, estos científicos alemanes gozaban de una decente calidad de vida, muy superior a sus colegas rusos ("de fuera vendrán..."), por ejemplo, no era raro encontrar en la isla apartamentos de dos o tres habitaciones, o dachas como la de Grottup, que además disponía de coche y chófer las veinticuatro horas, aunque no demasiados lugares a donde ir. Compárese con los barracones militares en los que vivían sus contrapartes rusas, jefe incluído. Pese a todo, los alemanes vivían aislados, pero no porque pudieran transmitir ideas raras y anticomunistas, sino para evitar linchamientos por parte de la población local.

Reorganizada la producción de V-2 por los rusos, se pusieron inmediatamente a probarlos en la isla. 11 V-2 fueron lanzados en 1947, de los cuales sólo 5 tuvieron éxito. Es un comienzo.
  
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* Vale la pena dedicar unas líneas para explicar el sistema técnico soviético, altamente jerarquizado. En la cima encontramos los NII, que se encargaban del trabajo científico básico siguiendo las directrices de la Academia Soviética de Ciencias. En el escalon inferior encontramos las "oficinas de diseño" o KBs, que convertían ese trabajo científico en aplicaciones prácticas para la producción en las fábricas estatales, llamadas GAZ.

Existía una segunda rama llamada "oficina de diseño experimental" (OKB), en principio y teoría independiente de las NII y se encargaba de proyectos aeronáuticos, sistemas de armas, submarinos, satélites, bombas atómicas y cosas por el estilo. Tenían una alta autonomía a la hora de crear un prototipo, que era presentado al cliente -el estado- que decidía si compraba o no. Era un sistema muy competitivo, donde las distintas OKBs que diseñaban tanques, por ejemplo, intentaban vender su modelo por todos los medios posibles, ya que el ganador recibía una enorme suma de dinero para seguir diseñando, por no hablar de la influencia y posible promoción política del ingeniero jefe. En el fondo, estos jefazos actuaban como empresarios en un sistema donde este concepto no existía.

martes, 6 de marzo de 2012

Buran

En el principio fue el verbo y el shuttle iba a ser revolucionario ya que al ser reutilizable prometía un acceso barato al espacio. Hoy sabemos que no es así, e incluso a mitad del desarrollo la NASA se dio cuenta que si no hacían un porrón de vuelos no podría amortizar el proyecto, y se dio cuenta de otra cosa aún más grave: no había ningún sitio donde ir, porque su función primaria debería haber sido transportar tripulación y carga a una estación espacial que no existía: la skylab ya había palmado, su backup nunca fue lanzada ya que no había presupuesto ni quedaban cohetes Saturn, y la Freedom no era ni un boceto todavía -ni nunca sería más que eso-. Así que la NASA tomó la decisión -hoy sabemos que catastrófica- de sustituir con el shuttle a todos los cohetes convencionales de USA. Así se creaba una demanda de misiones y se podía seguir palante.

La NASA post-apolo estaba tan acosada por problemas presupuestarios como la de hoy, y tuvo que aceptar muy contra su voluntad el dinero del departamento de defensa. Hubo que cambiar todo el diseño porque los militares querían utilizar la base de Vandenberg y alcanzar órbitas polares, así que la forma de las alas cambió -en el diseño original eran rectas- para permitir las maniobras hipersónicas en la alta atmósfera y así pudiera aterrizar tanto en la citada Vandenberg como en Cabo Cañaveral.

Esta capacidad de maniobra en la alta atmósfera fue la que desencadenó el programa Buran ¿Por qué? Porque si el transbordador podía elegir donde aterrizar, también podía virar hacia Moscú y Leningrado y realizar un ataque nuclear por sorpresa. Por lo tanto llegaron a la conclusión que el Shuttle era un arma nueva y que la URSS no podía ser menos y tenía que tener lo mismo.


Así que los soviets se liaron la manta a la cabeza y se liaron a construir su propio transbordador, no sin la oposición inicial de la cúpula de ingenieros espaciales, que consideraban que iba a ser una ruina -acertaron-, y que iba a restar presupuesto a su objetivo particular, esto es, ir a la luna de una vez por todas. Precisamente lo único que podía poner en órbita un avión de 100t al despegue era el cohete lunar que Valentin Glushko estaba desarrollando, una bestia de la clase Saturn V/N-1 llamada poco románticamente RLA. Como a Glushko lo del shuttle le importaba tres pepinos no quiso saber nada en un principio, y ni hablar de renunciar a ir a la luna. Pero el superministro de defensa Ustinov, que firmaba su nómina, le convenció con sutiles razones para que aceptara el proyecto.

Ni que decir tiene que a Glushko no le hizo ni puta gracia, ya que tuvo que cambiar un proyecto complejísimo por otro más complejo aún y, lo que era peor, adiós luna. En fin, otra vez será.

Pero lo peor de todo para Glushko es que en el diseño inicial los motores principales iban a estar integrados en la lanzadera, lo que dejaba al pobre Valentin sin cohete ya que no habían rublos para las dos cosas.Así que acudió raudo a ver a Ustinov, y le convenció de la necesidad de un superlanzador: le habló de estaciones espaciales militares con armas láser, de enórmes satélites espías nucleares, de bombarderos orbitales autómaticos (de propulsión nuclear, por supuesto). Y le indicó que nada esto era ligero, que ni el Proton ni el Buran podría ponerlo en órbita, y que necesitaban un lanzador con capacidad para poner en órbita 100t mínimo. A Ustinov lo de los láser y tal debió molarle, porque ordenó cambiar el diseño del transbordador y, lo más importante para Gluskho, dio luz verde y rublos a su nuevo cohete, conocido a partir de ahora como Energia.


Aquí pueden ver como varió el diseño


Así que al final todos se quedaron contentos: Glushko porque tendría su cohete que le habría la puerta hacia la luna y los militares porque tendrían su juguete sin utilidad definida.

El desarrollo de la nave no fue muy largo para lo que se estila últimamente -la eternidad- y en 1988 la primera nave, bautizada Buran -"ventisca"- estaba en la rampa de lanzamiento, exactamente en la rampa 37 del área 110 del cosmódromo de Baikonur, en la misma rampa que entre 1968 y 1974 se había utilizado para lanzar los cohetes lunares N1. Cuatro lanzamientos, cuatro fracasos. En la misma rampa donde un año antes había despegado el primer cohete Energia, con la nave Polyus (¡¡¡un satélite de 80 toneladas!!!), una de esas naves con cámaras, radares, láseres, lucecitas, que tan dura se la ponía a Ustinov. El cohete funcionó bien, pero por un error de software los motores de la Polyus no se encendieron y reentró sobre el pacífico. Un dineral quemado. Los rusos dijeron que fue un vuelo de prueba suborbital. Ja.






15 de noviembre de 1988, 6 de la mañana hora de Moscú. Los ocho motores cohete del Energía, cuatro RD-0120 -equivalentes en prestaciones a los motores principales del Shuttle americano- y cuatro RD-170 -quizás el motor cohete más potente de la historia, para que se hagan una idea el cohete Zenit utiliza uno como primera etapa y es capaz de poner en órbita 14 toneladas- se ponen a quemar oxígeno e hidrógeno los primeros y oxígeno y queroseno los segundos. Haciendo honor a su nombre, la nave Buran despega en medio de una fuerte ventisca con rachas de hasta 20 m/s.


Ocho minutos después la nave Buran se separa de Energia y enciende sus propios motores para alcanzar la órbita prevista. Esta vez es un éxito y lo consigue. En tierra, como en la canción de mecano, gritos, risas, llantos y champán. Es un gran logro para todos, especialmente para los defensores de la aventura lunar, que tras casi 30 años intentándolo ya tienen un cohete efectivo con el que llegar a nuestro satélite. Y para los militares, que ven como su juguete funciona.

Para los fans del viaje lunar lo que pasara a partir de ahora con la nave les traía sin cuidado, pero no para los militares. No sé si he mencionado que la nave iba sin tripulación, y se controlaba exclusivamente por sus propios ordenadores, sin intervención del control de tierra. Quedaba probar que el modo automático funcionaba; es conocido que los soviéticos nunca confiaron en la habilidad humana para pilotar naves espaciales y automatizaban el vuelo todo lo posible, recuerden por ejemplo que en la Vostok 1 los mandos de la nave iban sellados, de tal forma que si se hubiera perdido el contacto con tierra Gagarin no habría tenido forma de regresar, ya que no podía pilotar su propia nave.

2 horas, 20 minutos y 7 segundos después del lanzamiento, sobre el pacífico sur, el ordenador de la nave cambió la orientación de la nave y encendió los motores. La nave empezó a frenar y en consecuencia a perder altura. Había empezado la reentrada. El habitual silencio tenso de cada reentrada se adueñó de toda la sala de control de vuelo cuando se cortaron las comunicaciones durante el proceso, algo natural debido al plasma que rodeaba la nave. Un silencio tres veces más largo que una misión Soyuz, ya que debido a la aeródinamica de la nave la maniobra de reentrada era más suave y lenta. Cuando se retomaron las comunicaciones el silencio dejó paso al pánico al comprobar que el ordenador de la nave había adoptado una ruta de aproximación distinta a la prevista. Algo había fallado y no podían hacer nada más que mirar como su nave se perdía. No quedaba otra opción que activar el mecanismo de autodestrucción. Esperen, en las lecturas hay fuerte viento cruzado, es posible que el ordenador haya reaccionado a esto. Compruebe la ruta. Esperen. Esperen. Esperen. Hacia Yubileyniy, como previsto. Ufff.

Efectivamente, el ordenador había reaccionado a las malas condiciones meteorológicas buscando otra ruta para llegar a su destino. Otro éxito de funcionamiento ante una prueba imprevista. Todo iba muy bien. Exactamente un segundo antes de lo previsto, Buran aterrizó en la pista de Yubileyniy sin ninguna intervención humana. Durante todo el vuelo, la única vez que los humanos intervinieron fue para ordenar el despegue...y para intentar y a la vez evitar la autodestrucción de la nave.



Fue un gran éxito tecnológico para los soviéticos. Y fue el único vuelo. Jamás una nave Buran volvería a volar. La nueva Rusia heredó el sistema y se preguntó ¿para que sirve? ¿Para llevar carga y tripulación a la Mir? Buran tiene una masa de 100t y Mir, en 1991/92, con los módulos Kvant, Kvant-2 y Kristall, unas 70t. Vale más el cascabel que el gato. Eso ya lo podemos hacer con la combinación Soyuz/Progress a un coste efectivo y con total seguridad. Cada vuelo de Buran cuesta más que la carga que tiene que llevar. Necesita más vuelos de prueba. Necesita una prueba de cita espacial. Caro. Carísimo. No podemos asumirlo.

¿Y la Mir 2? No habrá Mir 2. No podemos construir una estación espacial con módulos de 100t porque esto es la rusia de Yeltsin y todo el dinero se lo han llevado los oligarcas. Acéptalo, nuestro transbordador no tiene donde transbordar. No nos sirve. Fuera. Cancelado. A los museos. La vida.

¿Y la luna? No habrá misión tripulada a la luna ¿No has oído lo que acabo de decir? Yeltsin, oligarcas.

¿Y el Energia? Se acabó. No volará más. Pero podemos rentabilizarlo vendiendolo a trozos. A los americanos les hemos vendido una versión capada del RD-170, con dos cámaras de combustión en vez de cuatro, y han flipado. Capado y todo es mejor que el mejor de sus motores que pueden meter en un cohete. Sí, que mierda de motores tienen. Pensar que llegaron a la luna y nosotros no. Dan ganas de tirarse al Volga.